domingo, 20 de julio de 2014

Me iré,
y al despedirme
gritaré despechada
¡ahí os dejo,
apañáoslas sin mi!
Demostraré
que yo también puedo marcharme,
que no voy a estar siempre aquí.
Y, al mismo tiempo, sé
que lloraré como una niña
cuando me de cuenta
de que el mundo seguirá girando
cuando yo no esté,
que no hago tanta falta,
que yo tampoco
soy imprescindible.

sábado, 28 de junio de 2014

Soledades universales

Pelearse con la almohada,
removerse de culpabilidad,
masturbarse con rabia
y también con despecho,
beber para olvidar
y beber para recordar,
contar los demonios del techo,
llorar a escondidas,
lamentar lo que se evapora,
arrepentirse del ruido,
arrepentirse del silencio,
acicalar el orgullo,
aplastar la dignidad,
masticar la indigesta derrota,
mirarnos al espejo
con decepción y con miedo,
vomitar pena y asco,
revolcarse en el fango
hasta quedar bien empapado,
rememorar lo fallido,
releer el pasado
hasta que arañe,
rebuscar en los errores,
pensar en la muerte
y en sus posibles corredores,
saborear la injusticia,
palpitar el nerviosismo,
sudar hasta inundar,
derramar hasta secarse,
apretar los puños,
sentir un nudo en la garganta,
regar las dudas,
hacer temblar las decisiones.

Instantes negros que todos hemos respirado,
por los que sabemos que todo el mundo pasa,
y, sin embargo..
¡qué terriblemente solos y únicos nos sentimos cuando los vivimos!

domingo, 22 de junio de 2014

La gran familia

>>Tenemos una paciencia verde y sólida como un caimán
una paciencia a prueba de balas y promesas 

Sabemos aguantar con los delirios en acecho
hacer almácigos con nuestros odios mejores

Tenemos una esperanza blanca y prójima
como una paloma que ya no es mensajera

tenemos una esperanza a prueba
de terremotos y congojas

sabemos esperar rodeados por la muerte
sabemos desvelarnos por la vida

tenemos una alegría temprana como un gallo
una alegría convicta maniatada y rabiosa

sabemos cómo desatarla y sabemos
que al alba cantarán los gallísimos sueños.<<



Mario Benedetti

domingo, 15 de junio de 2014

Esta resaca no está provocada por la mierda que le metí anoche al cuerpo.
Esta resaca
viene de la mierda que ya llevaba dentro.

Mi memoria es una niña caprichosa:
a algunas frases las ignora,
y no le duran en el recuerdo ni medio suspiro,
pero otras se le clavan como tornillos.
¿Y qué hay de las palabras que esperas y nunca llegan?
¡Esas sí que no se olvidan!

Hice como que no escuchaba pero lo oí.
Me hubiera gustado que me diera igual.
Me hubiera gustado que no lo dijeras.

Te lo he pedido de mil maneras distintas,
pero hay veces que no hablamos el mismo idioma,
y a mí no me gusta suplicar migajas.

*No me pidas que te espere, porque siempre que espero estoy persiguiendo..*

Me fui al cuarto de baño a esconderme.
Para que nadie me viera.
Para no molestar.
Y nadie se percató de mi ausencia.
Me da vergüenza contarlo,
así lo que tengo que escribir.

*He aprendido, de estar solo, a llorar sin molestar*

Temo el día en que todo explote.
Todo está tan tan frío que quema.

Me quiero desintoxicar.
Pero no quiero perderte.

Hay un punto al que no podemos retornar.
No se puede volver donde nunca se ha estado.

Me quiero proteger.
Pero no quiero aislarme.

Todo están tan ardiendo... que hiela.





miércoles, 11 de junio de 2014

Prefiero sumergirme en desiertos de silencios,
dunas de dudas,
sin ayuda.

Prefiero tragar y después escupir,
volver a tragar,
y luego escupir.

Prefiero gritar en habitaciones sordas,
ahogarme en mares sin faros a la vista,
y salir a flote con mi propio salvavidas.

Prefiero mentir,
prefiero inventar.

Prefiero kilos de maquillaje,
caretas sin ser carnaval,
gafas de sol en días nublados:
prefiero ocultar, tapar, (di)simular.

Prefiero jugar al escondite con tus ojos,
cuando los míos empiecen a nublarse.

Las mareas las prefiero en la intimidad,
una cena privada aliñada de soledad.

Prefiero fingir,
prefiero actuar,
prefiero forzar,
prefiero empujar a las carcajadas
cuando se encuentren arrinconadas
y no sepan cómo echar a volar.

Prefiero escuchar antes que hablar.

Prefiero reírme de mis quejas,
repetirme una y mil veces,
que esto también pasará.

Prefiero despegar lejos del suelo,
antes de que me veas hundirme en el cieno.

Prefiero evadir y escapar,
escribir y despotricar,
prefiero enterrar.

Incluso prefiero callar.

Cualquier cosa.
Cualquier cosa antes que dar pena.

lunes, 9 de junio de 2014

Te olvidé

Te olvidé cuando dejé de empeñarme en intentarlo.

A pesar de que a veces te sueñe durmiendo,
eres solo un elemento absurdo más,
un fantasma que todos ven,
pero ya no está.

Aunque recuerde tu nombre y tu cumpleaños,
tus canciones favoritas o tus gestos;
aunque me acuerde del sudor y del fuego... Te olvidé.
Y no pude evitarlo.
Y no quise evitarlo.

Lo supe cuando dejé de echarte de menos
y de más,
justo en el momento en el que me di cuenta
que me daba igual donde se posaba tu mirada,
y tus labios,
y tu palpitar.

Y cuando te olvidé, dejaste de dolerme,
ya no me hiciste más daño,
ni más rabia,
ni siquiera lograste hacerme reír.
¡Y mira que es fácil!

Y con calma entiendo..
que si pude olvidarte,
que si pude borrarte,
y si pude salvarme...
Soy capaz de cualquier cosa.


lunes, 2 de junio de 2014

25

Hace un tiempo dejé de contar los días que faltaban para mi cumpleaños. No es que me importe hacerme mayor, es que no necesito tener un día en el que sentirme la reina.
Hoy ha amanecido con frío y lluvia, y no me he cabreado con las nubes. 

Cuando era más joven, o más pequeña o más niña (no sé de qué manera decirlo porque no sé que soy ahora si joven, mujer o niña grande) fantaseaba en cómo sería mi vida cuando tuviese 25 años. 
Pensaba que tendría un trabajo, y que me seria fácil encontrarlo porque todo el mundo me decía que yo iba a llegar donde quisiese llegar. Luego el futuro se hizo presente y las expectativas ajenas y propias tuvieron que amoldarse a la realidad, con cuidado de no crear demasiada fricción. 
Pensaba que estaría fuera de casa, que no dependería de nada ni de nadie, que habría echado a volar. Creía que nunca me iba a durar el amor, creía que mi caos siempre lo iba a estropear todo, que me iba a pasar la vida a expensas del vaivén de mis emociones, que mi intensidad me desbordaría cada día. Pensaba que estaría eternamente enganchada a un huracán, que nunca dejaría de ser una muchacha salvaje. También pensaba que nunca perdería a mis amigos, a mis imprescindibles. 

Y hoy.. No tengo un trabajo ni una casa ni un coche. Ni hay atisbos de que los tenga en un futuro cercano. Algunos imprescindibles dejaron de serlo, pero otros han llegado y ahora son piezas esenciales. 
Hoy he comprendido que nada dura para siempre, pero que dura para siempre mientras lo vives y lo recuerdas. Y que hay personas que no tienen que estar cerca para ser insustituibles. Ni tienen por qué serlo sólo porque estén cerca. 
Hoy elijo cuando quiero volar. 
Hoy sé amar de la mejor de las maneras, porque he tenido el mejor de los maestros. 
Hoy vivo más intensamente las risas que los llantos, hoy no persigo, hoy no me castigo, hoy no maldigo. No me lamento, no me miento. 
Hoy miro a mi alrededor y no me puedo sentir mejor acompañada. 
Hoy no quiero pensar dónde estaré dentro de cinco, diez o quince años.
Hoy.. No me parezco en nada a lo que creía que sería, pero soy lo más parecido a que lo deseaba ser. 
Hoy no tengo, pero hoy soy.



*Sin llaves a las puertas del instante estoy..*




domingo, 9 de febrero de 2014

La Coleccionista

La Coleccionista observa atenta cómo intenta disimular sus manos sudorosas trazando círculos en la tela descolorida de sus tejanos. Mira de reojo de vez en cuando, intentando que nadie se de cuenta de la inundación de sus poros. Está solo y está confuso.
Finge que está leyendo el libro que hay en su mesa, pero pasa las páginas cada demasiado poco tiempo, y cuando fija la vista su mirada se pierde en los párrafos, que son como brumas. La línea de sus labios se acomoda ligeramente torcida hacia el lado inferior derecho. Frunce el ceño, y pasa otra nueva página sin leer, esta vez más por inercia que por disimulo.
Ella lo observa desde la distancia, bajo la protección del ser completamente ignorada. Quizá éste me pueda servir… Pero continúa agazapada, al acecho, a la espera de nuevos movimientos del blanco ya casi escogido. Es perfecto, determina tras unos breves instantes de reflexión.

Él tiene algo que ella busca. Algo que hará completar su colección. Algo que necesita.

Cualquier cosa le vale con tal de que sea virgen en los labios.
Una anécdota jamás contada. Un idioma imaginario. Un baile que solo es danzado en la  locura de las habitaciones vacías. Dos versos de un poema que nunca ha visto la luz. Los acordes de una canción que no ha sido escuchada más que por el que la sintió. Un garabato en una servilleta olvidado en el bolsillo de una chaqueta. El motivo de una lágrima que desciende a hurtadillas. Una voz que nadie ha escuchado cantar. La razón de una risa espontánea adherida a un recuerdo. Un lunar escondido en un recoveco que no ha sido colonizado ni por besos ni por caricias ni por miradas. Un pecado que no ha sido confesado, una hazaña que no ha sido premiada. Una infidelidad empapada de culpabilidad, una herida invisible, un auxilio silencioso.
Algo tan ridículo, avergonzante o absurdo que nunca ha sido compartido por miedo a las  reacciones y las burlas.
Algo tan precioso, maravilloso e íntimo que nunca ha sido contado por miedo a la contaminación de lo ajeno.

Y él tiene uno. La Coleccionista lo sabe. Con el paso de los años, ha desarrollado un fino olfato para localizarlos. Le basta con estudiar unos minutos a su víctima para discernir si será capaz de darle lo que anhela.
Sus dedos empapados, su mirada perdida, la inestable arquitectura de sus gestos. Ella sabe que él guarda uno tras el uniforme de su piel. Ella sabe que lo capturará, sabe que será suyo.

Y no son fáciles de conseguir.
A veces se tiene que servir de las más sutiles estratagemas, la más infinita de las paciencias, para lograr recaudar uno de esos tesoros. Sus dueños los custodian con una fiereza más o menos consciente, y ella espera paciente a que se decidan a liberarlos. Después, los teje uno a uno en los rincones de su memoria, los cuida y los protege, los acaricia y se abriga con ellos por las noches.

La Coleccionista se acerca sigilosa, y se sienta con descaro justo delante de su objetivo. Abarca todo su campo visual, pero él apenas se percata. Con un movimiento firme pero sutil, le cierra el libro que acuna en sus manos.
Con voz cálida y experta le susurra:
-¿Te encuentras bien? ¿Puedo ayudarte en algo?
La duda y el asombro recorren las pupilas de él, abre la boca pero no dice nada, apenas sale media bocanada de aire.
-Puedes contármelo, no se lo diré a nadie…-insiste ella con impaciencia bien disimulada.
El alivio relaja todos sus músculos faciales. Quiere desprenderse del peso que supone enjaular lo que ansía ser compartido. Desea deshacerse de la soledad que implica que te duela lo que sólo tú sabes que existe.
Y ella ha aparecido como un soplo de aire fresco y sano, justo cuando más lo necesitaba, para evaporar sus sudores y apaciguar sus taquicardias.

Y así, él comienza a hablar, sabiendo que nunca va a ser mejor escuchado.

Ella es… una coleccionista de secretos.

Recolecta trozos de vidas ajenas y nunca, nunca, jamás, se los cuenta a nadie. Asume su responsabilidad. Porque a quien das tus secretos, das tu libertad, y quien te da su libertad…te pertenece.




lunes, 20 de enero de 2014

Esto no se para..

Quiero echar horas extras
como guardiana de tus 192 lunares,
contarlos y recontarlos,
no vaya a ser que nazca uno nuevo
o se esfume uno de los veteranos.
Nadie mejor que tú
siendo la brújula de mis miradas perdidas en el vacío,
el guía de mis sonrisas
cuando juegan al escondite.
Voy a guardar la llave mágica que sólo yo tengo
para calmar tus furias esporádicas
y tus divertidos agobios.

Y la deliciosa rutina de contar los días para verte,
y de echarte de menos con taquicardias
y también con respiraciones sosegadas.
El imaginar mil vidas posibles distintas,
pero todas contigo.
Un futuro en el que los kilómetros
no sean nuestros enemigos,
en el que menos de tres canciones
separen tu cama de la mía.

Tu barba como el bosque
donde se refugian mis mordiscos traviesos,
tus pestañas como un abanico,
como las cuerdas de la única guitarra
que sé tocar con mis húmedas manos.
Tu risa va a estallar en mil disparos a mi pecho,
y el mundo entero me va a dar igual.

El universo debe estar loco
o ciego,
o las dos cosas,
o yo no entiendo
cómo los demás no se quedan embobados
como yo lo hago,
mirándote por fuera,
mirándote por dentro.
¿O es que tus misterios son tan difíciles de descifrar
y el tesoro que guardas está tan bien escondido?
Soy la forajida que encontró por puro y maravilloso azar
el mapa que guiaba al corazón de tus latidos.
El premio es haber visto la luz que se esconde
detrás de los fugaces destalles que dejas ver
a los ojos atentos,
a mis pupilas curiosas.

Y es por ti que odio los domingos,
siempre tintados de despedida,
y que adoro los autobuses con destino tus brazos,
y que se han suavizado mis excesos,
y que se han desinflado mis demonios
y algunos de mis defectos.
La nostalgia es una caricia
cada vez que me cruzo con un coche naranja,
o me llega olor a jazmín.

Y voy a inventarme mil tipos diferentes de maullidos
para que nadie nos entienda,
y que sólo tú y yo comprendamos
esta lengua extranjera a base de miradas,
tus dedos causales (que no casuales)
recorriendo la tela de mis sentidos.
Las noches como suspiros
y los suspiros como derroches.

Y no puedes evitar ser así de inmejorable.
Reventando las dudas con tu mera presencia,
con tu manera de luchar silenciosa y sin armas.
Eres el antídoto de todos los insomnios.
Y mira que no puedes protegerme
de todas las tristezas que acechan,
pero sí que impides que cualquier lágrima que se atreva a asomarse
no recorra más de media mejilla de distancia.
Sin prometemos siempres ni jamases,
no hay nada que sienta más eterno que esto.

En mi palacio de la memoria
te voy exhibiendo como a un trofeo,
chinchando a los recuerdos negros y embarrados,
recordándoles lo enterrados que están.
Porque existía otra forma de querer,
existe un yo que no se desparrama
al menos una vez por semana.
Existen formas no tóxicas de amarse.
Es posible un diccionario sin rencores ni reproches.

Que no me llegan las quejas a la boca cuando te pienso,
que no me se me gastan las palabras si te tengo.

Te quiero de entrante, de principal y de postre;
te quiero en las sábanas frías
y en las olas de sudor.

En esta competición yo gano, tú ganas: ganamos los dos.

Y no es que contigo haya empezado a ser yo.
Es que nunca he sido tan feliz siendo yo
como contigo.




domingo, 29 de diciembre de 2013

Retales

Si leyeras algunas cosas que tengo escondidas.. ¡qué miedo le tendrías a mis secretos!

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Menos mal que te tengo de ancla y de escudo.
Vamos a escondernos en los recovecos de la noche para hacer todas las travesuras que no nos permite el sol.
Todas las frases repletas de adolescente autocompasión dejaron de representarme en el momento en el que te hiciste okupa de mi pensamiento.


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Ella está esperando a que llegue la tragedia de su vida.
Todos tienen una. ¿Por qué iba la mala suerte a ignorarla?


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Conformismo o soledad. Aceptar o perder. Resignación o vacío.
Y una pregunta como un puñal: ¿Merece la pena?
Para mí la verdadera cuestión es: ¿por qué tiene que haber una pena?


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Viviendo en gerundio me siento más yo.

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Me tengo enjaulada con las puertas abiertas. Y tú ni siquiera estás vigilando.
¿Y ahora qué hago?
¿Salto o te abrazo?

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Las ocasiones perdidas son un lastre,
aún sabiendo que el insomnio sólo me lo cura tu abrazo.
Puedo escoger las ojeras y comerme el mundo en cada bostezo,
o lamentarme contrafácticamente por las aventuras no vividas cerrando el párpado de un tirón.

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Las dudas germinan en mi mente
pero mueren cuando abro la boca para que salgan,
se marchitan y naufragan en un mar de saliva.
Las estrofas que cobran sentido sólo en mi cabeza están malditas.
Y si las canto hay una bomba que estalla en millones de astillas.

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No tiene sentido el alcohol si no hay nada que quieras olvidar,
intensificar
o desatar.

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Hay un diluvio de estrellas fugaces y se me han gastado los deseos.
Es el vacío que dejan los sueños consumidos,
como cuando consigues besar a tu amor platónico.
Una vez llegas a la meta puedes descansar
pero se evapora la ilusión de la persecución de lo imposible.
Qué horror cuando no nos queden secretos  por contar...

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¿Y si cuando llega el mañana ninguna de las cosas que planeaste se ha hecho realidad?
Estoy persiguiendo mi futuro y  a pesar de lo deprisa que corro no lo consigo alcanzar.
¿Acaso no sabe que odio esperar?

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Me quedo con la confesión de tu boca ebria a mi mirada ebria que la recibía con humedad no etílica. Guardo en un frasco del cristal menos frágil tus palabras, que aunque no sabemos hasta cuando serán ciertas, son verdad por cómo me las dices, por la honestidad y la dulzura que destilan: ideal, siempre, contigo. 

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Qué maravillosa capacidad tienen los recuerdos nuevos, frescos y limpios de sacar a empujones y golpetazos a aquellos sucios y llenos de barro.

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Tu cara es un poema hecho de jeroglíficos interminables; tus ojos, un precipicio. 
Sumérgete en el desierto de mis pestañas y comprueba lo secas que pueden estar mis pupilas,
parece decir tu mirada, desafiante.

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El mañana se hace escurridizo y juega travieso con tu descanso,
y al despertar la resaca me recuerda que los sueños mueren cada amanecer al abrir los ojos.

Hay noches que no acaban nunca y otras que se esfuman en un parpadeo.

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Y yo que creía que tu presencia era toxica y contaminante...
desde que estás cerca me dueles menos,
me das más igual.

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Pasea por las calles con la libertad del que nada le importa.
Besa y muerde las bocas con la diversión del que nadie puede herir.
Colecciona secretos ajenos con la paciencia del que nunca llora.
Huele los recovecos con la curiosidad del que no se cansa de sentir.

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Mis pestañas están cansadas como si hubieran corrido una maratón,
pero aliviadas de haber llegado a la meta: ya no queda nada más por derramar.
Las lágrimas sin motivo no duelen menos, sólo son más incoherentes y sus secretos más difíciles de descifrar.

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Sigues paseándote por mis sueños, recurrente, fingiendo que todo es como antes.
Luego me despierto y la fantasía se evapora.
Esos días, te hospedas en mi mente a pensión completa.
Y entonces voy y araño tu rutina con llamadas inoportunas,
con súplicas desnudas de orgullo y con cumplidos que, aunque mereces, nadie me ha pedido.

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Nadie.
Nunca.

Nadie nunca sabrá..
..la tormenta que hay detrás de mis ojos.

La batalla. La humedad. La rabia. La pena.

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Yo siempre caminé más deprisa.
Por eso me doliste antes,
por eso te olvidé primero.
Mi cicatriz, era tu herida fresca,
y mi mayo, tu enero.

Llegaste con retraso a nuestro entierro,
y yo recogí las flores secas,
para que inundaran mi vuelo.

No es que te amara menos,
es que aprendí antes,
el dolor de los inviernos.


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Saber ser yo, pero con matices, no un ser inerte, pero tampoco alguien que se deja el alma, aunque quizá sí la piel.

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Tengo las pestañas llenas de primavera. El azul es intenso, y se reflejan los colores de las flores. Camino por esta ciudad ya tan mía, mirándola como si fuese una turista, atendiendo a cada detalle, antes olvidado por las prisas y la rutina. Descubro recovecos, voy pisando fuerte impulsada por la música de mis oídos. El Abril tan temido por todos, tan mencionado en las canciones tristes, ha sido frenético e intenso. Maravillosamente estresante.

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¡Qué absurdo es no ser absurdo!