Érase una vez una niña que le tenía miedo a lo eterno.
Huía de las promesas, de los planes, de los siempres y de los jamases.
Porque de todo se cansaba, no solía acabar nada de lo que empezaba.
Vivía todo con una intensidad tan potente que no podía durar más de unos cuantos instantes.
Y al final, se acababa desvaneciendo.
Su madre le enseñó la historia de El Principito.
Le mostró la importancia de cuidar a los tuyos,
aunque estés en otro planeta.
Como el protagonista de esta historia,
la niña *no renunciaba a una pregunta una vez que la había formulado.*
Y preguntando y preguntando,
la niña no pudo evitar crecer y se convirtió en una muchacha salvaje.
Iba sembrando un caprichoso caos bajos sus pies,
y dejó a su paso carcajadas y bailes,
mares de llantos (*es tan misterioso el país de las lágrimas...*),
trozos de corazón y de piel,
dudas y locuras,
gritos y unos cuantos dramas innecesarios.
*Era demasiado joven para saber amar*,
pero aun así lo intentó de todas las maneras que supo.
Coleccionó algunas despedidas,
se dejó zarandear por el viento,
y se rodeó de grandes pájaros que la ayudaban a volar
cuando ella no tenía fuerzas para hacerlo.
Comenzó a comprender que
*hay que exigir a cada uno lo que puede dar*,
incluso a una misma,
y que había cosas que sí que era imprescindible
que duraran para siempre:
sus familia y sus amigos.
Porque *si ellos, por ejemplo, venían a las seis ella comenzaba a ser feliz a las cinco.*
Y se dijo, sin miedo en los labios,
que ellos estarían ahí para siempre,
y que ella jamás los perdería.
Entonces la muchacha, igual que El Principito, conoció a una rosa.
Y se dejó domesticar.
Porque domesticar no significa doblegar o subyugar.
*Domesticar significa crear lazos, ser único para otro en el mundo, y que él lo sea para ti.*
Ella invirtió amor y tiempo con su rosa, y eso fue lo que la hizo importante.
Y supo que *era responsable de su rosa.*
Y era responsable de sus pasos.
Entonces decidió que era el momento de tomar las riendas,
y en vez de dejarse llevar por las tormentas,
eligió volar.
Y ya no volvió a ser muchacha salvaje nunca más,
y ya no volvió a tener miedo a lo eterno.
Y quiso dejar grabado en su piel
de una manera imborrable
todo lo que su madre le había enseñado,
todas esas alas que la hacían despegar
sin dejarse descontrolar por el viento,
que la ayudaban a volar
manteniendo los pies en el suelo
y los ojos y la ilusión en el cielo.
lunes, 25 de mayo de 2015
martes, 28 de abril de 2015
Me arrepiento
Me arrepiento de haberte llamado,
de haber insistido,
de haberte regalado palabras
que no esperabas
aunque necesitaras,
que no merecías
aunque te hacían falta.
Lamento haber creído
que si das
tarde o temprano recibirás,
que si domesticaba a mi impaciencia
y te esperaba
obtendría alguna recompensa.
Siento no haber sabido callar.
Porque a veces lo más valiente
es el silencio,
y cuando se trata de no hablar,
a cobardía no hay quien me gane.
Me arrepiento de haber regado mis esperanzas,
cuando el agua que me dabas
estaba llena de cucarachas,
de no haber escuchado las advertencias
y de haberlas oído
y aún así haber continuado.
Me lamento por mi orgullo esquivo,
por mi dignidad borracha,
y mis manos inquietas.
Por llenarme los dientes de buenos consejos
y regalarlos a mi alrededor
y no quedarme con ninguno.
Por entender lo que mis ojos querían leer,
cuando el mensaje no podía ser más claro.
Siento haberte despertado
cuando la tristeza venía a visitarme
teniendo tantas mantas para taparme
y sabiendo que en ti solo encontraría frío.
Pero de lo que más me arrepiento es de que,
en realidad,
de nada me arrepiento.
de haber insistido,
de haberte regalado palabras
que no esperabas
aunque necesitaras,
que no merecías
aunque te hacían falta.
Lamento haber creído
que si das
tarde o temprano recibirás,
que si domesticaba a mi impaciencia
y te esperaba
obtendría alguna recompensa.
Siento no haber sabido callar.
Porque a veces lo más valiente
es el silencio,
y cuando se trata de no hablar,
a cobardía no hay quien me gane.
Me arrepiento de haber regado mis esperanzas,
cuando el agua que me dabas
estaba llena de cucarachas,
de no haber escuchado las advertencias
y de haberlas oído
y aún así haber continuado.
Me lamento por mi orgullo esquivo,
por mi dignidad borracha,
y mis manos inquietas.
Por llenarme los dientes de buenos consejos
y regalarlos a mi alrededor
y no quedarme con ninguno.
Por entender lo que mis ojos querían leer,
cuando el mensaje no podía ser más claro.
Siento haberte despertado
cuando la tristeza venía a visitarme
teniendo tantas mantas para taparme
y sabiendo que en ti solo encontraría frío.
Pero de lo que más me arrepiento es de que,
en realidad,
de nada me arrepiento.
martes, 14 de abril de 2015
En la distancia comprendí
que me hice necesaria
por lo que doy,
no por lo que soy.
Y cuando no estás,
no puedes dar,
aunque sí puedes ser:
pero a nadie le importa.
Ahora le tengo pánico al silencio
porque significa lejanía,
oscuridad,
rutina,
miedo,
dejadez.
Y soledad.
Sueño más que nunca.
Como para compensar
esta vida tan tranquila,
tan ex-caótica,
tan sosegadamente plena.
Y vivo mil vidas distintas
que se desvanecen
al abrir los párpados.
Y viene el pasado a verme,
y se olvida de herirme,
ya hace tiempo que ni eso
me hace tambalear.
Respiro a través
de las palpitaciones de otros,
me ayudo ayudando,
me entretengo con la intensidad
de las vidas ajenas,
soy ahora una espectadora
que se cansó de sus dramas
y escogió la butaca
para sentarse,
ver,
y descansar.
A veces vuelven ráfagas
de las antiguas tempestades,
y pataleo sin motivo,
y me ahogo en un charco,
pero escucho un leve gemido de auxilio
y se me olvida.
En la distancia comprendí
que yo necesitaba más de lo que creía,
y que era menos necesaria de lo que me imaginaba.
que me hice necesaria
por lo que doy,
no por lo que soy.
Y cuando no estás,
no puedes dar,
aunque sí puedes ser:
pero a nadie le importa.
Ahora le tengo pánico al silencio
porque significa lejanía,
oscuridad,
rutina,
miedo,
dejadez.
Y soledad.
Sueño más que nunca.
Como para compensar
esta vida tan tranquila,
tan ex-caótica,
tan sosegadamente plena.
Y vivo mil vidas distintas
que se desvanecen
al abrir los párpados.
Y viene el pasado a verme,
y se olvida de herirme,
ya hace tiempo que ni eso
me hace tambalear.
Respiro a través
de las palpitaciones de otros,
me ayudo ayudando,
me entretengo con la intensidad
de las vidas ajenas,
soy ahora una espectadora
que se cansó de sus dramas
y escogió la butaca
para sentarse,
ver,
y descansar.
A veces vuelven ráfagas
de las antiguas tempestades,
y pataleo sin motivo,
y me ahogo en un charco,
pero escucho un leve gemido de auxilio
y se me olvida.
En la distancia comprendí
que yo necesitaba más de lo que creía,
y que era menos necesaria de lo que me imaginaba.
viernes, 16 de enero de 2015
Sugerencias
Quiéreme libre,
que es como mejor sé querer
no me quieras tuya
ni de nadie,
no me quieras presa
ni princesa
ni reina,
no me cuentes cuentos,
no me salves,
no me rescates,
no me protejas:
no me hace falta.
Quiéreme dejándote espacio
para querer a más gente,
no me quieras protagonista,
ni única,
ni por encima de nadie,
pero tampoco por debajo.
No me adjudiques en tu corazón
un lugar demasiado extenso,
ni irremplazable,
por si algún día
me tengo que marchar
puedas volver a utilizarlo.
Quiéreme como si nunca
me fueras a odiar.
Quiéreme distinto y distinta,
no me quieras más que a nadie,
quiéreme de una manera única
con la que no puedas amar
así a otra persona.
Quiéreme como mejor sepas,
no como yo te lo diga,
quiéreme sin propósitos de cambio,
sin promesas,
sin pretender transformarte,
aunque finalmente
el querer te haga diferente.
Quiéreme desnuda,
despeinada y sin maquillaje,
quiéreme sin disfraz,
con legañas en las pestañas
y con agujetas en las comisuras.
Quiéreme aceptando,
pero no conformándote.
Quiéreme real,
sin idealismos ni pretensiones,
sin fantasías ni utopías,
pero sí con los bolsillos
llenos de sueños.
Quiéreme no sólo cuando el pálpito
se te vaya a salir del pecho,
o cuando las mariposas
monten una fiesta en tu estómago,
quiéreme al mismo tiempo
con calma y a fuego lento,
ámame también cuando
se te pase la locura
de los primeros momentos.
Quiéreme con la risa por bandera,
quiéreme feliz y lo seré,
pero no intentes evitarme
la belleza de la tristeza,
no me seques las lágrimas,
déjalas que se derramen
cuando sea necesario:
quiéreme sensible
pero no vulnerable.
No me quieras como vía de escape,
no me quieras para huir,
ni para que dé sentido a nada,
no me quieras porque estás perdido,
ni porque no sepas manejar la soledad.
Quiéreme queriéndote,
y yo te querré más.
No me quieras sin deseo,
sin sudor o sin fuego.
Ama mientras te derramas,
quiérenos salvajes y exultantes.
Quiéreme sin dar lecciones,
como si nunca hubieras amado antes,
quiéreme valiente,
quiéreme radiante,
quiéreme expectante.
Quiéreme sin razones.
No creas que no me doy cuenta
de que todo esto es una incoherencia,
¿cómo puedo pedirte que me quieras libre
mientras te doy instrucciones
sobre cómo me has de querer?
Tómalo,
simplemente,
como un puñado de sugerencias.
Así que:
quiéreme como quieras,
que así es como yo te querré.
que es como mejor sé querer
no me quieras tuya
ni de nadie,
no me quieras presa
ni princesa
ni reina,
no me cuentes cuentos,
no me salves,
no me rescates,
no me protejas:
no me hace falta.
Quiéreme dejándote espacio
para querer a más gente,
no me quieras protagonista,
ni única,
ni por encima de nadie,
pero tampoco por debajo.
No me adjudiques en tu corazón
un lugar demasiado extenso,
ni irremplazable,
por si algún día
me tengo que marchar
puedas volver a utilizarlo.
Quiéreme como si nunca
me fueras a odiar.
Quiéreme distinto y distinta,
no me quieras más que a nadie,
quiéreme de una manera única
con la que no puedas amar
así a otra persona.
Quiéreme como mejor sepas,
no como yo te lo diga,
quiéreme sin propósitos de cambio,
sin promesas,
sin pretender transformarte,
aunque finalmente
el querer te haga diferente.
Quiéreme desnuda,
despeinada y sin maquillaje,
quiéreme sin disfraz,
con legañas en las pestañas
y con agujetas en las comisuras.
Quiéreme aceptando,
pero no conformándote.
Quiéreme real,
sin idealismos ni pretensiones,
sin fantasías ni utopías,
pero sí con los bolsillos
llenos de sueños.
Quiéreme no sólo cuando el pálpito
se te vaya a salir del pecho,
o cuando las mariposas
monten una fiesta en tu estómago,
quiéreme al mismo tiempo
con calma y a fuego lento,
ámame también cuando
se te pase la locura
de los primeros momentos.
Quiéreme con la risa por bandera,
quiéreme feliz y lo seré,
pero no intentes evitarme
la belleza de la tristeza,
no me seques las lágrimas,
déjalas que se derramen
cuando sea necesario:
quiéreme sensible
pero no vulnerable.
No me quieras como vía de escape,
no me quieras para huir,
ni para que dé sentido a nada,
no me quieras porque estás perdido,
ni porque no sepas manejar la soledad.
Quiéreme queriéndote,
y yo te querré más.
No me quieras sin deseo,
sin sudor o sin fuego.
Ama mientras te derramas,
quiérenos salvajes y exultantes.
Quiéreme sin dar lecciones,
como si nunca hubieras amado antes,
quiéreme valiente,
quiéreme radiante,
quiéreme expectante.
Quiéreme sin razones.
No creas que no me doy cuenta
de que todo esto es una incoherencia,
¿cómo puedo pedirte que me quieras libre
mientras te doy instrucciones
sobre cómo me has de querer?
Tómalo,
simplemente,
como un puñado de sugerencias.
Así que:
quiéreme como quieras,
que así es como yo te querré.
domingo, 16 de noviembre de 2014
En esta ciudad todos los recuerdos están por fabricar.
Eso me protege,pero también me hace sentir extranjera.
Y extraña.
Y extrañar.
Puede que éste sea el mejor lugar del mundo para que no me duelas tanto.
Y me siento fuerte.
Porque logro echarte de menos con una sonrisa en la cara.
Al menos despierta.
En los sueños te cuelas de la manera más utópica,
más viva,
más irreal.
Nunca he estado más sola ni más acompañada.
Todo a la vez.
Pero me caben toda esa contradicción de sentimientos,
porque tengo el corazón más grande que nunca.
Aunque no lo diga,
me acuerdo de ti todo el tiempo.
Cómo desearía haber podido anunciarte
que había logrado mi gran meta.
Que te sintieras orgullosa,
y que presumieras ante las vecinas,
como yo presumo de ti
y de toda la grandeza que había condensada
en ese cuerpo tan pequeño.
Hay cosas que no se pueden olvidar,
aunque mis ojos estén secos la mayor parte del tiempo.
Tus besos lanzados al aire, poniendo todas tus escasas fuerzas en ello.
Esa mirada que lo dijo todo, mientras me tocabas el pelo.
El tacto de tu mano. Y tu olor.
Nunca había visto a nadie marcharse para siempre,
quizá sea lo más duro que mis ojos han presenciado,
pero no lo cambiaría,
yo quería estar ahí,
hasta el final,
contigo,
con todas las consecuencias.
Te prometí que no dejaría que nadie me llamara "churrina".
Sólo tú.
Te escribimos unas palabras preciosas,
pero no tuvimos fuerza para compartirlas en voz alta.
A veces lo más hermoso es lo que más duele.
Y a veces lo que más se necesita escribir nunca es leído.
No puedo hablar de ti en pasado,
si eres mi presente,
y mi futuro.
No puedo asimilar que tu casa ya no es tu casa.
Ni que nadie se siente en tu sillón,
que nadie llene tu hueco.
No puedo, porque no quiero.
Porque te quiero.
Ven a verme esta noche.
Aunque despierte y nada sea real.
Ven,
que quiero sentirte cerca,
que en el sueño de tu abrazo
es donde quiero estar.
Pero me caben toda esa contradicción de sentimientos,
porque tengo el corazón más grande que nunca.
Aunque no lo diga,
me acuerdo de ti todo el tiempo.
Cómo desearía haber podido anunciarte
que había logrado mi gran meta.
Que te sintieras orgullosa,
y que presumieras ante las vecinas,
como yo presumo de ti
y de toda la grandeza que había condensada
en ese cuerpo tan pequeño.
Hay cosas que no se pueden olvidar,
aunque mis ojos estén secos la mayor parte del tiempo.
Tus besos lanzados al aire, poniendo todas tus escasas fuerzas en ello.
Esa mirada que lo dijo todo, mientras me tocabas el pelo.
El tacto de tu mano. Y tu olor.
Nunca había visto a nadie marcharse para siempre,
quizá sea lo más duro que mis ojos han presenciado,
pero no lo cambiaría,
yo quería estar ahí,
hasta el final,
contigo,
con todas las consecuencias.
Te prometí que no dejaría que nadie me llamara "churrina".
Sólo tú.
Te escribimos unas palabras preciosas,
pero no tuvimos fuerza para compartirlas en voz alta.
A veces lo más hermoso es lo que más duele.
Y a veces lo que más se necesita escribir nunca es leído.
No puedo hablar de ti en pasado,
si eres mi presente,
y mi futuro.
No puedo asimilar que tu casa ya no es tu casa.
Ni que nadie se siente en tu sillón,
que nadie llene tu hueco.
No puedo, porque no quiero.
Porque te quiero.
Ven a verme esta noche.
Aunque despierte y nada sea real.
Ven,
que quiero sentirte cerca,
que en el sueño de tu abrazo
es donde quiero estar.
domingo, 28 de septiembre de 2014
No necesito verte para saber que no te olvidaré
Voy a besarte tantas veces
la mano, la mejilla, el brazo,
que se te van a quedar grabados como cráteres
las huellas de mis labios.
Voy a buscarte con los ojos y hablarte con ellos,
aunque no me veas,
aunque no me entiendas.
Voy a escoger mi voz más cálida
y te la voy a regalar envuelta en la tela más suave,
voy a intentar por todos los medios
conseguir iluminar la habitación con tu sonrisa.
Voy a tatuarme el calor de tus dedos,
y memorizar la melodía de tus palabras,
voy a respirarte muy fuerte entre mis brazos,
voy a beberme los resquicios de tu alegría.
Voy a espiarte mientras duermas,
voy a arrullarte mientras sueñas.
Mientras pueda.
Y después...
Voy a recordarte en cada esquina
y en cada rutina,
voy a caer y a levantarme,
voy a sentir tu vacío
como el hueco más profundo e inmenso,
voy a hablarle de ti a todo el que me quiera escuchar,
voy a pensarte hasta desgastarte y después te volveré a pensar,
voy a quererte más allá de todo,
por encima del tiempo,
a través de la alegría y el llanto.
Voy a no olvidarte jamás.
Porque llorarte... se me queda corto.
la mano, la mejilla, el brazo,
que se te van a quedar grabados como cráteres
las huellas de mis labios.
Voy a buscarte con los ojos y hablarte con ellos,
aunque no me veas,
aunque no me entiendas.
Voy a escoger mi voz más cálida
y te la voy a regalar envuelta en la tela más suave,
voy a intentar por todos los medios
conseguir iluminar la habitación con tu sonrisa.
Voy a tatuarme el calor de tus dedos,
y memorizar la melodía de tus palabras,
voy a respirarte muy fuerte entre mis brazos,
voy a beberme los resquicios de tu alegría.
Voy a espiarte mientras duermas,
voy a arrullarte mientras sueñas.
Mientras pueda.
Y después...
Voy a recordarte en cada esquina
y en cada rutina,
voy a caer y a levantarme,
voy a sentir tu vacío
como el hueco más profundo e inmenso,
voy a hablarle de ti a todo el que me quiera escuchar,
voy a pensarte hasta desgastarte y después te volveré a pensar,
voy a quererte más allá de todo,
por encima del tiempo,
a través de la alegría y el llanto.
Voy a no olvidarte jamás.
Porque llorarte... se me queda corto.
domingo, 31 de agosto de 2014
In-dependencia
Son las ganas de gritarle al mundo
que todo lo que hay a mi alrededor es mío,
y me lo he ganado yo:
que no le debo nada a nadie.
Es la necesidad de escapar,
de cambiar estos aires
por otros que huelan distinto,
de aprenderme nuevas calles de memoria,
y desentrañar otros rostros.
Es el riesgo de ver el hueco de mi ausencia,
para comprobar cómo funciona mi mundo cuando no estoy,
para dejar de sentirme requerida
y a la vez
notarme necesaria.
Es la ilusión de dormir cada noche a tu lado,
construir un universo entre cuatro paredes,
dejar de contar los días
porque todos los amaneceres serán nuestros,
y las despedidas, una anécdota.
Son las ansias de echar a volar siendo tú mis alas
las que me impulsan a llenar de trastos y recuerdos esta maleta,
y marcharme.
Y, por otro lado,
es el miedo al fracaso,
a tener que volver sin nada
salvo la vergüenza entre las piernas,
es el pavor a que nada cambie cuando yo me vaya,
y que todo se transforme cuando vuelva,
a que las complicidades se desgasten por el camino,
a perderme los últimos y los primeros instantes,
a no estar ahí cuando hago falta,
a decepcionar y a ser olvidada,
a ser sustituida,
es el terrible pánico a que nadie me eche de menos
el que me frena, y me ata las manos a la espalda.
Y, finalmente,
es la inexplicable certeza que me invade las entrañas,
que no para de repetirme que este es mi momento,
la que me hace echar a andar,
mirando atrás,
pero sin dejar de caminar,
diciendo a todos con los ojos serenos
"me voy, hasta luego, vuelvo pronto".
que todo lo que hay a mi alrededor es mío,
y me lo he ganado yo:
que no le debo nada a nadie.
Es la necesidad de escapar,
de cambiar estos aires
por otros que huelan distinto,
de aprenderme nuevas calles de memoria,
y desentrañar otros rostros.
Es el riesgo de ver el hueco de mi ausencia,
para comprobar cómo funciona mi mundo cuando no estoy,
para dejar de sentirme requerida
y a la vez
notarme necesaria.
Es la ilusión de dormir cada noche a tu lado,
construir un universo entre cuatro paredes,
dejar de contar los días
porque todos los amaneceres serán nuestros,
y las despedidas, una anécdota.
Son las ansias de echar a volar siendo tú mis alas
las que me impulsan a llenar de trastos y recuerdos esta maleta,
y marcharme.
Y, por otro lado,
es el miedo al fracaso,
a tener que volver sin nada
salvo la vergüenza entre las piernas,
es el pavor a que nada cambie cuando yo me vaya,
y que todo se transforme cuando vuelva,
a que las complicidades se desgasten por el camino,
a perderme los últimos y los primeros instantes,
a no estar ahí cuando hago falta,
a decepcionar y a ser olvidada,
a ser sustituida,
es el terrible pánico a que nadie me eche de menos
el que me frena, y me ata las manos a la espalda.
Y, finalmente,
es la inexplicable certeza que me invade las entrañas,
que no para de repetirme que este es mi momento,
la que me hace echar a andar,
mirando atrás,
pero sin dejar de caminar,
diciendo a todos con los ojos serenos
"me voy, hasta luego, vuelvo pronto".
martes, 26 de agosto de 2014
Aunque esté hecha de dientes de mentira, no hay una sonrisa más verdadera que la de mi abuela. Está en ese punto en el que sólo ríe cuando le sale de la real alma, y no le impone mandatos sociales a sus carcajadas para que salgan atropelladas cuando no les toca.
Cuando estoy a su lado, se me convierte en un objetivo vital el hacerla sonreír, porque cuando ella ríe el mundo me parece un lugar mejor para luchar.
Hacía demasiados días que no sacaba sus dientes postizos a relucir, pero hoy ha iluminado a todas las vecinas de la calle con su boca haciendo música, con sus ojos palpitando como hacía tiempo que no brillaban.
Mañana será otro día,
quizá no haya fuerzas pero sí motivos,
tal vez no haya aliento pero sí compañía en el camino:
si se esconde te ayudaremos a encontrarla,
la peinaremos y la pondremos guapa,
y sacaremos a presumir tu sonrisa
más sonora,
más preciosa,
más sincera.
Cuando estoy a su lado, se me convierte en un objetivo vital el hacerla sonreír, porque cuando ella ríe el mundo me parece un lugar mejor para luchar.
Hacía demasiados días que no sacaba sus dientes postizos a relucir, pero hoy ha iluminado a todas las vecinas de la calle con su boca haciendo música, con sus ojos palpitando como hacía tiempo que no brillaban.
Mañana será otro día,
quizá no haya fuerzas pero sí motivos,
tal vez no haya aliento pero sí compañía en el camino:
si se esconde te ayudaremos a encontrarla,
la peinaremos y la pondremos guapa,
y sacaremos a presumir tu sonrisa
más sonora,
más preciosa,
más sincera.
domingo, 24 de agosto de 2014
Cuando no hay nada nuevo que contar
Porque los días son fotocopias,
y las fotocopias son latas caducadas,
y lo caduco es un recuerdo
que huele a cajón cerrado,
y los cajones son almacenes
casi tan oscuros como la memoria,
caprichosa e irracional,
infiel como el viento,
que besa toda las bocas
y agita todos los cabellos,
pero sólo en tu mente,
porque la fantasía está permitida,
pero vedamos las miradas y el tacto,
censuramos a las manos,
que se convierten en mariposas en celo
enjauladas y traviesas,
porque todo lo que encierras
acaba escapando,
ya sea suave o salvajemente:
hay mares que no se pueden cercar.
Cuando no hay nada nuevo que contar,
terminas inventándote penas,
tejiendo palabras
que no son las tuyas,
hilando conceptos
absurdos e hipotéticos,
divagando para no llegar a ninguna parte,
escribiendo
para no olvidar,
la buena o mala suerte
de no tener nada nuevo que contar.
y las fotocopias son latas caducadas,
y lo caduco es un recuerdo
que huele a cajón cerrado,
y los cajones son almacenes
casi tan oscuros como la memoria,
caprichosa e irracional,
infiel como el viento,
que besa toda las bocas
y agita todos los cabellos,
pero sólo en tu mente,
porque la fantasía está permitida,
pero vedamos las miradas y el tacto,
censuramos a las manos,
que se convierten en mariposas en celo
enjauladas y traviesas,
porque todo lo que encierras
acaba escapando,
ya sea suave o salvajemente:
hay mares que no se pueden cercar.
Cuando no hay nada nuevo que contar,
terminas inventándote penas,
tejiendo palabras
que no son las tuyas,
hilando conceptos
absurdos e hipotéticos,
divagando para no llegar a ninguna parte,
escribiendo
para no olvidar,
la buena o mala suerte
de no tener nada nuevo que contar.
domingo, 20 de julio de 2014
Me iré,
y al despedirme
gritaré despechada
¡ahí os dejo,
apañáoslas sin mi!
Demostraré
que yo también puedo marcharme,
que no voy a estar siempre aquí.
Y, al mismo tiempo, sé
que lloraré como una niña
cuando me de cuenta
de que el mundo seguirá girando
cuando yo no esté,
que no hago tanta falta,
que yo tampoco
soy imprescindible.
y al despedirme
gritaré despechada
¡ahí os dejo,
apañáoslas sin mi!
Demostraré
que yo también puedo marcharme,
que no voy a estar siempre aquí.
Y, al mismo tiempo, sé
que lloraré como una niña
cuando me de cuenta
de que el mundo seguirá girando
cuando yo no esté,
que no hago tanta falta,
que yo tampoco
soy imprescindible.
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