lunes, 12 de septiembre de 2011

Un otoño el demonio no se presentó

Será que todas las canciones hablan de Abril, y estaba escrito en una estrofa de ellas. De tanto mirar la frase escrita en el reverso de mi anillo, pasó de deseo a verdad.
Esto dura demasiado tiempo, no estoy acostumbrada a unos ojos tan secos. Mi rincón me echa de menos, me pregunta por mis antiguos pataleos y sollozos. Y esa bañera, que se inundó un día sin necesidad de abrir el grifo. Y un "lo siento" escrito con pintalabios rojo en un poss-it por unas manos enajenadas y culpables. Quizá lo más complicado es entedenrse a uno mismo, y después, perdonarse.

El verano acaba pero se avecina el invierno más cálido en años. Ahora no hay cambios estacionales, bruscos e intrépidos, la calma es estable y parece perenne. La tranquilidad, tan impropia de mí, tan serena, tan desconocida... tan anhelada. Pero nunca lo que me rodea puede ser ordenado, esta es una tranquilidad personalizada. Un huracán domesticado en inesperada brisa. Pero real.

Anoche las pestañas se me empaparon, y no era ni de dolor, ni de pena, ni de rabia. Fue la tormenta de mis ojos, la tormenta que trae la calma.

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