lunes, 29 de mayo de 2017

La casa que encoge

La casa se nos está quedando pequeña:
cada vez hay más trastos
(mediocre forma de llamar a los recuerdos),
en cada paso que damos
vamos acumulando zapatos
de diferente número y pisada
pero de similar suela desgastada,
al saltar los dos al unísono,
aunque no sean idénticos nuestros tropiezos
(son nuestras caídas no simultáneas
las que nos permiten tender al otro la mano
y ayudarle a levantarse
y mimar los rasguños con esmero).

Tú, acumulas botellas de cervezas vacías
bebidas al calor de las risas cómplices,
regaladas por manos amigas
que tan bien te conocen
(y, por tanto, tan bien te adoran).
Yo, acumulo libros como ladrillos
que me hacen de sostén y empuje
cubriendo las paredes antaño blancas
que son ahora mosaicos de colores
donde reposan nuestras esperanzas.

Ambos recolectamos entradas de conciertos,
pegatinas, tickets y recortes,
fotografías coloreadas
por la belleza de la pura alegría,
trozos de la intensidad del momento,
accesos directos en nuestro escritorio
a carcajadas pretéritas y acompasadas,
sabiendo que todos esos pedazos
cada vez estarán más acompañados,
y formarán un ejército que nos proteja,
que el futuro y su incertidumbre
no asustan ni una milésima
al saber que lo que viene
es todo lo que queramos acoger
con nuestros cuatro brazos eternos
y entrelazados.


Es por eso que
la casa se nos está quedando pequeña:
cada vez es más hogar,
cada vez somos más grandes,

cada vez somos más nosotros.

martes, 28 de marzo de 2017

Emocional Inteligencia

Hay quien entra en guerra
con quien se atreva a tiritarle las piernas,
quien corre hasta que al sudor le salen agujetas,
quien expone su cuerpo desnudo y vulnerable
hasta que nada por doler le queda,
incluso hay quien utiliza la risa como trinchera.
Cada uno domestica como puede
sus salvajes miedos (i)rracionales.

Algunos imponen la ley seca en sus pestañas,
otros se derraman en camas extrañas,
a unos cuantos se les enquistan las bisagras
y se olvidan del arte de la remontada,
otros tantos deciden ahogarse en la nada
hasta que al fin encuentran su tabla.
Cada uno navega como mejor sabe
a tientas, en sus tormentas de tristeza.

Hay quien aúlla en una soledad escogida,
hay quien traga y el nudo le tapona la salida,
incluso hay quien prefiere salpicar
hasta que alguien sus auxilios descifra,
hay quien ametralla palabras para evitar
golpear la mano que intenta ser amiga.
Cada uno es experto en cómo acariciar
la fuerte fiereza de su rabia.

Algunos los atesoran como si fueran secretos
otros sudan incontrolables bailoteos,
unos escogen como autopista el cielo
hasta que se les encapota el cabello,
y otros tantos se convierten en mensajeros
contagiando al mundo con sus excesos.
Cada uno dosifica como debe
sus intensos instantes alegres.

Yo dialogo con mis temores hasta que se aburren,
desparramo mi pena hasta que se escurre
aíslo mi ira para que a nadie arañe,
me cubro de carcajadas para calentarme.

¿Qué haces tú?